Voy a tener un hijo.
Sol y yo llegamos al hospital.
Al detenernos frente a la entrada, rompe en llanto.
—No... ¿Qué hacemos aquí? ¿P-puedes escucharme un segundo? —su voz tiembla, al borde del colapso.
—Te dije que no hablaras —tragó saliva con fuerza.
—¿Te sentiste bien abriéndole las piernas a Gabriel y probando su boca? ¿Se la chupaste como me la chupas a mí? —niega con la cabeza, destrozada.
—N-no... sabes que no... —respira entrecortado, su rostro pálido.
—Estas son las consecuencias de haberme traicionado, So