Vendida.
Estoy esperando en el casino. Pensé que encontraría a Emilio aquí, pero no fue así. Me hundo en el sofá.
¡Maldita sea!
No puedo permitir que use a su hija de esa manera tan enferma...
Y el que no tiene corazón soy yo.
Pero... cuando estoy a punto de resignarme, lo veo.
¡Bingo!
Desde aquí lo observo, en la parte oscura en la que me gustaba instalarme. Veo su rostro enérgico y a la vez desanimado.
Lleva algunos moretones en la cara, de la golpiza que le proporcioné, y camina con dificultad.
Me ar