Un francotirador me resolvió de manera eficaz lo que mis hombres no podían desde la distancia: acabar con esos bastardos.
Usamos silenciadores para evitar el ruido, y a los otros pocos que quedaron fuera, yo mismo los acabé usando mi navaja favorita.
Pero en un pequeño descuido, las balas empezaron a volar y a alertar a más hombres.
—¡Maldita sea! Conté veinte...—
Pero eso no nos detuvo. El problema es que no quería alertar al maldito viejo, no antes de que pueda estar cerca de él, pero ¿qué má