—Hermanito —Marco entra a mi oficina sin tocar.
—¿Qué haces aquí sin avisar? —pregunto con fastidio.
En ese mismo momento entra Sol. Lleva una falda larga y un top demasiado corto. Un pañuelo cubre su cabeza, su cabello está suelto, manchado de pintura, y va descalza.
Al ver a Marco, se detiene en seco.
—Lo siento... no sabía que estabas ocupado —dice con incomodidad.
—Oh, cuñada, qué gusto verte. Vine justo por ti, a darte una buena noticia —sonríe, confiado.
—Marco, ¿quién te ha dado derecho