Tambaleante, camino hacia el coche y escupo sangre. Los tres bastardos están tirados en el suelo, molidos a golpes, y Marco... ese cobarde huyó del lugar.
Bastardo cobarde... Le daré su merecido. Que no crea que esto terminó.
Llevo varios golpes en el cuerpo, el labio superior partido. Sé que mañana los moretones hablarán por sí solos, pero no me importa.
Son las cuatro de la madrugada cuando por fin llego a casa. Bajo del coche con dificultad.
—Señor —dos de mis hombres se acercan de inmediato