Ella se queda en shock. No dice nada, no se mueve. Sus ojos permanecen abiertos, sin parpadear.
—Sol... —llevo mis manos a sus hombros—. Lo siento tanto...—
—No bromees así —me responde con rabia, apartándose de mí—. Está bien que estuviera enojada y no los quisiera cerca, ¡pero tampoco es como si yo hubiera deseado su muerte!—
Me pongo de pie y suspiro con fuerza mirándola con una cara de que no estoy bromeando.
—N-no estás bromeando... —dice temblando al ver mi seriedad.
—No. Tu padre asesinó