Sus palabras no deben tomarse en serio.
—Supongo que Marco adelantó el tema de conversación —dice mi padrino con calma.
—Oh, lamento ser un imprudente —responde él con sorna, llevándose la copa a los labios.
—Siempre eres imprudente... todo el tiempo —le espeto.
Sol suspira. Está moviendo la pierna debajo de la mesa y sé que está incómoda.
—Pero vayamos al grano... Digo, ya que estamos todos reunidos, se supone que deberíamos entrar en tema. Además, tengo unos trabajitos pendientes esta noche —agrega Marco, mirando el reloj con fingi