Noruega.
Recogí mis cosas. Eran muchas maletas. La última me dolía más que todas, porque sabía que con ella se terminaba todo.
Toda esta historia de altas y más altas había llegado a su fin.
Mi corazón de pollo, sensible y estúpido, llora.
Me quité la pulsera... Recuerdo que me pidió que nunca me la quitara, pero llevarla conmigo solo me causaría más dolor.
El anillo de compromiso, con el que juramos amarnos un poco más de lo que ya nos amábamos, también lo dejé sobre la mesa de noche. Junto a esos recu