Dante observó su muñeca. El chofer que había llevado a Sol a casa aún no regresaba. Abrió su laptop, dio un trago y accedió a las cámaras de seguridad de la casa de ella.
Sí, ella se marcharía, lo sabía... pero él se conformaría con verla a través de las cámaras ocultas: en la habitación, en la cocina, en el estudio, en el jardín... en cada rincón había cámaras. Algunas eran visibles, otras no. La de la habitación, por supuesto, era secreta.
Pero al revisar el acceso en tiempo real, notó que la