—¿Por qué no respondes? —Estoy en la habitación, recogiendo mis pertenencias. Ya los cuerpos fueron sacados del hotel. Todo quedó intacto.
—Sol... mierda —insisto otra vez, pero esta vez me manda al buzón.
Se me aprieta el pecho, e intento marcar a mi padrino, pero el teléfono se me cae de las manos temblorosas.
Me llevo las manos a la frente, apretándome el cabello para calmarme. Estoy temblando como un demonio.
Un miedo excesivo se apodera de mí. Me retumban en la cabeza las palabras de ese m