Heridas del alma.
Mi última pintura no está en el estudio. ¿Acaso Dante la tiró a la basura?
Suspiro y busco un nuevo lienzo en blanco.
Trazo algunas líneas, pero las borro de inmediato. Suspiro con pesadez: no llega nada a mi cabeza. Me acerco a las flores y las huelo.
—Eres un estúpido... quieres jugar conmigo—me acuesto en el suelo frío con una rosa en la mano. La giro entre los dedos mientras mis pensamientos me asaltan sin piedad.
—¿Por qué te estoy dejando jugar conmigo? ¿Acaso yo... acaso me gustas, Dante