Cuando escuché sus palabras dejándome claro que no le gusto, no tuve otra opción que decirle que le iba a vender mi virginidad.
Todo para no quedar en vergüenza, como estaba a punto de hacerlo. Dante me intimidó demasiado, su cuerpo me gritaba que era cierto.
Yo no le gustaba ni un poco. ¿Pero qué tan cruel puede llegar a ser? ¿Cómo puede tratarme con tanta atención y después decir que no le intereso?
Por un momento pensé que, tal vez, había sentido alguna atracción por mí, por su manera de