Me duele la cabeza. Abro los ojos lentamente. Siento el cuerpo entumecido y, cuando intento levantar la mano, tengo algo entre los dedos.
Escucho el sonido de una puerta abriéndose.
—¿Ya estás despierto? —abro los ojos.
—¿Qué rayos pasó? —pregunto. Él se sienta frente a mí, suspirando.
—¿Desde cuándo estás consumiendo drogas? —me lanza la pregunta.
—No es de tu interés —respondo con desgano.
—¿Por qué mejor no me dices dónde está ella? —lo miro fijamente.
—¿Te estás volviendo loco? Te prohíbo q