Sol nunca me respondió. De hecho, salió del estudio furiosa, dejándome completamente solo.
Me encerré en la oficina y me entregué al cigarro y al alcohol sin medida. Fumé y bebí hasta que la cabeza me estalló y el mareo me nubló el juicio.
La puerta se abre mientras me sostengo la cabeza con ambas manos. El dolor late con fuerza en las sienes.
—¿Vas a cenar o seguirás intoxicándote con esa porquería y ese humo asqueroso? —su voz es dura, cargada de fastidio.
Levanto la vista, sin despegar la ca