57- La paciencia de un beta y la ira de un alfa.
Al día siguiente:
Desde que llegó de su viaje, Gregor se dirigió hacia la base militar de su manada, pero apenas llevaba media hora revisando informes cuando la impaciencia empezó a carcomerle la espalda.
«Un día sin ver a Elyria me pareció una eternidad… Ojalá ya no siga tan enojada», pensó Gregor, incapaz de fijar la mente en ningún otro asunto.
Desde la puerta del despacho, los oficiales seguían enumerando patrullas, víveres y rondas de guardia, como si no existiera nada más urgente en el m