56- Soy su mayor problema.
—¡Cállate ya, loba infeliz! —bramó Elyria, poniéndose de pie con tal fuerza que la silla rechinó contra el suelo.
Su voz retumbó en el comedor. Aunque no podía proyectar su loba, la fuerza de su carácter, su energía, su esencia de alfa suprema se impuso en el ambiente.
Hasta Lynn levantó la cabeza, sobresaltada, y Kenna bajó ligeramente la mirada.
Elyria se acercó unos pasos a la beta, con el rostro encendido por la rabia.
—No tienes idea de lo que he sacrificado, de las noches que he pasado s