51- Sí, la percibo… pero no la quiero.
Gregor entrecerró los ojos, sin soltar la mano de Elyria ni un segundo.
—No… —dijo con voz grave—. Elyria no irá a ningún lado. Ella es mi luna. Lo siento… te esperé durante años, porque creí que te necesitaba. Pero ahora… ahora ya entregué mi corazón. Y no pienso cambiar eso.
El silencio cayó como un manto pesado sobre los presentes. Un par de lobos se miraron sorprendidos. Lynn abrió la boca, pero no emitió sonido.
Y la beta… la beta se quedó helada. Sus ojos se agrandaron como platos. Y su