52- Cuando el cuerpo dice sí, pero el alma no.
Los labios de Gregor y Elyria se movían en una sincronía casi perfecta, como si se hubieran buscado desde siempre.
Con sus fuertes brazos, él la apretaba contra su cuerpo, en un intento inconsciente de fundirse con ella, de borrar cualquier espacio entre ambos.
El beso, que comenzó como una caricia dulce, fue encendiéndose poco a poco hasta volverse casi desesperado, cargado de hambre contenida y de emociones reprimidas.
De pronto, Gregor se detuvo.
Un hilo de saliva, delgado como un lazo invis