17.
Sin embargo un problema inesperado surgió en ese momento.
Al reconocer la cicatriz en la mejilla del guardia y el emblema en su hombro el pasado regresó como un golpe físico: era él.
El mismo hombre que bajo las órdenes de Teo Dan, había disparado una de las flechas aquella tarde fatídica. El hombre que no solo había intentado cazarla a ella sino que había acabado con la vida de sus hijos antes de que pudieran respirar.
Sus manos, que antes temblaban de miedo ahora se cerraron con una fuerza gé