16.
La mañana era inusualmente clara. El aire fresco del bosque traía consigo el aroma de la tierra húmeda pero en el centro del campamento ese olor se mezclaba con algo mucho más dulce.
Bella caminaba hacia el campo de entrenamiento cargando una cesta cubierta con un paño. A pesar de los miedos que la habían alcanzado decidió que la mejor forma de agradecer el refugio era compartiendo lo poco que podía ofrecer.
— ¡Ahí viene la Princesa de los Dulces! — exclamó uno de los caballeros mientras bajaba