El gruñido bajo y profundo retumbó en la noche, tan potente que sentí su vibración a través de la piedra de mi precario refugio. Me acurruqué más en el fondo de la grieta, mi cuerpo entero un nudo de terror helado. Mi mano aferraba una piedra suelta, un arma patética y ridícula contra la pesadilla que olfateaba el aire afuera. Había escapado de la jaula de intrigas del clan solo para caer en la brutalidad simple y honesta de la cadena alimenticia.
El olor me golpeó, abrumador y nauseabundo: pel