Esa tarde, Aneira me trajo el antídoto. El vial se sentía pesado en mi mano, como si supiera que llevaba consigo una carga de secretos y esperanzas.
—Tómalo mañana, una hora antes del atardecer — susurró, sus manos temblaban ligeramente —. Te protegerá del veneno, pero te sentirás débil y mareada por un tiempo. Úsalo, tu debilidad será tu mejor arma. — sentenció.
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El recuerdo de las instrucciones de Aneira se sintió muy vivo, por lo que, inconscientemente, asentí y me tragué el líquido espeso