Pasaron tres días en una calma tensa. Rheon, fiel a su palabra, no convocó la reunión del Consejo. La victoria del festival había sido un trueno silencioso; sus ecos aún resonaban en la quietud antinatural que había caído sobre el clan, y en la notoria ausencia de Syrah de la vida pública.
En la tarde del tercer día, Rheon vino a verme. Su rostro era una máscara de solemne preocupación, pero sus ojos eran calculadores. Me di cuenta de que seguía dudando de mí.
—Has demostrado una gran fortaleza,