No dormí mejor que la noche anterior.
Tampoco peor.
Era un cansancio distinto, más hondo, menos ruidoso. No el agotamiento de la batalla, sino el de la vigilancia sostenida, de saber que cada decisión que no tomaba también estaba moviendo algo.
Cuando el cielo empezó a aclarar apenas, ya estaba despierta.
No me levanté de inmediato.
Me quedé sentada, con la espalda apoyada contra el tronco de uno de los árboles grandes del borde sur del campamento, escuchando cómo Umbra Lux despertaba sin señal