El campamento nos vio llegar antes de que cruzáramos por completo la línea de árboles.
No porque alguien hubiera dado la alarma, ni porque el bosque nos delatara con ruido innecesario. Nos vieron porque todos estaban esperando. Lo sentí en la forma en que las conversaciones se apagaron una a una, como fogatas que pierden oxígeno al mismo tiempo. Lo vi en las figuras que se detuvieron a mitad de sus tareas, en las manos que dejaron de cortar carne, de vendar heridas, de afilar lanzas. Umbra Lux