No dormí.
No porque no pudiera, sino porque el campamento tampoco lo hizo.
Umbra Lux descansaba por turnos, sí, pero no en profundidad. Era un sueño fragmentado, atento, como si el cuerpo colectivo del clan aún no terminara de aceptar que la amenaza ya no tenía rostro ni nombre, sino costumbre.
Salí antes de que el cielo aclarara por completo.
El aire era frío, húmedo, con ese olor a tierra removida que siempre aparece cuando algo ha sido pisado demasiadas veces en el mismo punto. Caminé despac