El santuario no desapareció.
Pero dejó de intervenir.
La luz de las columnas descendió hasta convertirse en un pulso tenue, casi imperceptible, como un corazón que seguía latiendo bajo la superficie. El viento volvió a atravesar el claro, llevando consigo el sonido del bosque que había estado contenido durante todo ese tiempo.
El juicio había terminado.
La verdad había sido revelada.
Pero lo que venía ahora…
era mucho más difícil.
Porque ya no se trataba de descubrir.
Se trataba de sostener.
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