Mundo ficciónIniciar sesiónUna carretera solitaria, una lluvia torrencial y un hombre ensangrentado que aparece de la nada. Savanna Hayes, la heredera de un imperio tecnológico que su propio tío intenta arrebatarle, no esperaba que salvar a ese extraño cambiaría su destino para siempre. Él es Ian Moretti, un CEO legendario que el mundo cree muerto hace diecisiete años. Herido y perseguido por sombras del pasado, Ian busca venganza contra quienes destruyeron a su familia y Savanna le ofrece el escondite perfecto: un anillo de bodas y un contrato como su "esposo falso" para ganar su propia guerra en la junta directiva. Mientras la alta sociedad desprecia a Ian por su supuesta pobreza y lo humilla tratándolo como un simple trofeo, él mueve los hilos del mercado desde la oscuridad, convirtiendo a Savanna en la mujer más poderosa del país sin que ella sospeche el alcance de su poder. Pero en esta guerra de traiciones y auditorías falsas, el mayor peligro no son sus enemigos, sino el deseo incontrolable que surge tras las puertas cerradas. El contrato decía que era solo un negocio, pero Ian no está dispuesto a dejar que nadie toque lo que ahora considera su posesión más valiosa: su esposa. ¿Qué pasará cuando el "esposo trofeo" recupere su corona y el mundo descubra que el hombre más peligroso de la industria está perdidamente enamorado de su salvadora?
Leer másC1 - ¡ENCONTRARÉ UN MARIDO!
—¡Encontraré un marido!
Arthur Hayes soltó una carcajada cruel.
—¿Tú? Por favor, sobrina. ¿Qué hombre se casaría con una mujer que grita como una histérica cuando la tocan? ¿Crees que no lo sé? ¿Crees que no conozco tu patético trauma?
El comentario golpeó a Savanna como una bofetada y las imágenes regresaron: manos ásperas, respiración pesada, el terror de aquella noche cuando tenía dieciséis años.
Un amigo de su padre.
La fiesta.
La habitación.
Su voz diciéndole que se callara.
—No sabes nada de mí —susurró.
—Sé que cada relación que intentas fracasa porque entras en pánico cuando un hombre te toca. —Arthur la miró con desprecio—. Tu terapeuta le contaba todo a tu padre. Y tu padre, en su ingenuidad, me lo contaba a mí. "Pobre Savanna", decía. "Mi niña está rota por dentro".
Savanna sintió náuseas. El trauma que había intentado superar durante años, ahora estaba expuesto como una debilidad para manipularla.
—Eres despreciable.
—Soy práctico. —dijo Arthur encogiéndose de hombros—. Tienes tres días, sobrina. Aunque dudo que encuentres a alguien dispuesto a un matrimonio sin... beneficios. —Sonrió con malicia—. ¿Qué hombre querría una esposa que no puede cumplir con sus deberes conyugales? Estás dañada, Savanna. ¡Nadie se casará contigo!
Savanna levantó la barbilla y aunque aún no tenía un novio que firmara el acta de matrimonio, no permitiría que su tío le arrebatara todo lo que le pertenecía.
—Te sorprendería lo que puedo lograr cuando me propongo algo —sentenció.
—¿En serio? —Arthur sonrió dando un paso amenazante hacia ella—. Entonces sorpréndeme.
—No solo encontraré un marido. —ahora fue Savanna quien dio un paso hacia él—. También recuperaré el control total de Hayes Industries, revisaré cada decisión que has tomado en ausencia de mi padre y te sacaré del consejo. Y cuando mi padre despierte, se enterará de todo lo que has intentado hacer.
La sonrisa de Arthur se congeló.
—Disfruta tu whisky, tío. Podría ser el último que tomes en esta oficina.
Savanna giró sobre sus talones y salió, dejando a Arthur inmóvil, con el vaso a medio camino de sus labios.
—Niña estúpida —murmuró él cuando la puerta se cerró—. Igual de ingenua que tu padre.
El recuerdo se desvaneció mientras Savanna conducía bajo la lluvia torrencial. Golpeó el volante con fuerza.
—¡Maldito seas, Arthur!
Desde que su padre había quedado en coma tras el accidente de avión, su tío había maniobrado para tomar el control. Primero fueron "sugerencias", luego presiones sutiles, y ahora este ultimátum.
Savanna era hija única, y tras perder a su madre por cáncer dos años atrás, se había convertido en la cabeza de la familia Hayes.
Una responsabilidad que Arthur quería arrebatarle.
—Seguro manipuló al consejo —murmuró mientras aceleraba—. Les habrá mostrado informes falsos, números alterados. Siempre ha querido la empresa para él.
Un relámpago iluminó el cielo nocturno. La lluvia caía como una cortina sobre el parabrisas.
—Mateo tiene que encontrar a alguien. Cualquiera servirá. —dijo mientras ajustaba el limpiaparabrisas a máxima velocidad—. Un matrimonio de conveniencia, un contrato temporal...
Entrecerró los ojos al notar algo en la carretera adelante.
Una forma oscura.
A medida que se acercaba, distinguió una silueta humana tambaleándose en medio del camino.
—¡Mierda!
Pisó el freno con fuerza.
El auto derrapó sobre el asfalto mojado y aunque logró detenerse antes de golpearlo directamente, vio con horror cómo la figura caía pesadamente sobre la carretera. Savanna se quedó paralizada, aferrada al volante con los nudillos blancos, mientras su corazón martilleaba en su pecho.
—¿Lo maté? Dios mío, ¡¿maté a alguien?!
Tragó saliva.
—No, no... yo no lo vi. Salió de la nada.
Se giró hacia la puerta pero se detuvo. Una parte de ella quería huir, evitar problemas, más complicaciones en su vida ya caótica.
—No. —Negó con la cabeza—. Hiciste un juramento, Savanna. Prometiste ayudar, no importa quién sea.
Abrió la puerta y la lluvia la empapó instantáneamente. Sus Louboutin pisaron el asfalto mojado mientras caminaba hacia el frente del auto, los faros iluminaron a un hombre tendido en el suelo. Se arrodilló junto a él, con las manos temblando mientras buscaba el pulso. La lluvia lavaba el rostro del desconocido, revelando facciones marcadas, una mandíbula fuerte, cabello oscuro pegado a la frente.
Era innegablemente atractivo, incluso en estas circunstancias.
Sin embargo, su mirada profesional bajó, examinando el cuerpo. Entonces lo vio: una mancha oscura expandiéndose en su costado.
—Por Dios... —Tocó la herida y sus dedos se mancharon de rojo—. Estás herido... necesitas atención médica. Además, es una herida fea.
Miró alrededor y la carretera estaba desierta, solo lluvia y oscuridad. Y el hospital más cercano quedaba a casi una hora.
—Tendré que llevarte yo misma.
Con esfuerzo, logró arrastrar al hombre hacia el auto, pero era demasiado pesado.
—¿Por qué tienes que pesar tanto? —gruñó mientras lo empujaba al asiento trasero.
Una vez dentro del vehículo, arrancó y marcó un número en su teléfono.
—¿Jodie? Envía a Miguel con mi maletín médico del consultorio. Necesito suero, antibióticos, material de sutura y analgésicos. Todo listo para cuando llegue.
—¿Qué pasó ahora? —La voz de Jodie sonaba alerta a pesar de la hora—. La última vez que me llamaste así de alterada fue cuando rescataste ese gato callejero que resultó ser de la señora Peterson.
—Es un hombre herido, Jodie. Y no lo atropellé... exactamente.
—Dios mío, Savanna. ¿Sabes que existen hospitales, verdad? Lugares con personal médico que no son tu penthouse de Central Park.
—No hay tiempo. Está perdiendo sangre y... —Savanna miró por el retrovisor. El hombre seguía inconsciente—. Hay algo raro en esa herida. No parece un accidente.
—¿Estás diciendo que recogiste a un extraño en medio de la tormenta? ¿Y si es un criminal?
—Es un paciente, Jodie. Y soy médico.
—Bueno sí, pero no es obligado que…
—Envía lo que te dije—Savanna aceleró—. Estaré en casa en veinte minutos.
Colgó antes de que Jodie pudiera protestar más. Miró nuevamente por el retrovisor y el desconocido se movió ligeramente.
—Aguanta —murmuró—. No sé quién eres ni qué te pasó, pero no voy a dejarte morir.
Mis amores, Ian y Savanna nos dicen adiós… y yo, con el corazón en la mano, solo quiero darles las GRACIAS. Gracias por cada comentario, por cada minuto que le regalaron a esta historia, por estar ahí, acompañándome página tras página. Ustedes no son solo lectoras: son cómplices, son la razón por la que escribo.Sé que muchas querrán la historia de Elías… y créanme que yo también. Solo me queda cruzar los dedos y esperar la decisión de mi editor. Pero si se da, sepan que será aquí, en este mismo libro.Un abrazo enorme, de esos que no necesitan palabras. Y, por favor, no dejen de leer, de soñar, de sentir.Las quiero, las adoro y las llevo conmigo siempre. 💛Sigamos juntas en esta aventura.Paulina W
Dos años despuésLa luz dorada de la Toscana bañaba los viñedos que se extendían frente a la villa. Savanna caminaba descalza por el sendero de piedra, con una mano sobre su vientre ya redondo. Ian iba a su lado, con Ivanna subida a sus hombros.La niña reía mientras tiraba de las orejas de su padre.—Todavía no puedo creer que esto sea nuestro —dijo Savanna, mirando las hileras de vides—. Hace dos años pensábamos que lo habíamos perdido todo.Ian sonrió y le tomó la mano.—Ahora lo estamos reconstruyendo. Mejor que antes.Esa mañana había recibido una llamada importante.Elias llegaría esa misma tarde.Ian se había encargado de todo: el vuelo, el permiso de salida temporal extendido, y un contrato en la nueva división italiana del Hayes-Moretti Group.No era caridad.Elias siempre había sido un ejecutivo brillante, y Ian estaba dispuesto a darle la oportunidad de demostrarlo.—Estás haciendo lo correcto —dijo Savanna, deteniéndose para mirarlo—. Lo sé.Ian se encogió de hombros, per
C184- SE RESPIRÓ FELICIDADAl día siguiente, Jodie cruzó el pasillo de la prisión con pasos firmes, aunque el estómago se le revolvía.Se sentó frente al cristal grueso.Elias ya estaba ahí, con el uniforme naranja y apenas la vio, sus ojos se humedecieron.—No esperaba que vinieras.Jodie tomó el teléfono.—No vine por ti, vine por mí.Elias asintió, tragando saliva.—Lo entiendo.Jodie apretó el teléfono con más fuerza y se mojó los labios antes de continuar.—Quiero que sepas que no te perdono. No puedo. Lo que me hiciste, lo que me hiciste creer... eso no se borra de un día para otro.Elias bajó la cabeza y miró sus propias manos. Se quedaron en silencio un momento y Jodie respiró hondo antes de continuar.—Pero quiero que sepas que no te odio. Ya no tengo energía para odiarte. Cuando nos ayudaste en el observatorio y recibiste ese disparo... supe que al final quisiste hacer lo correcto. Llegaste tarde, pero lo hiciste.Elias levantó la cabeza, tenía lágrimas corriendo por las mej
C183- QUIERO VER A ELÍASEsa noche, Braxton cerró la puerta del dormitorio con cuidado. Jodie por fin parecía ella misma otra vez; se sentó a su lado, recorriéndola con la mirada.—¿Cómo te sientes? —preguntó, pasando los dedos por su pelo.Jodie sonrió con picardía y le tomó la mano.—Mejor, mucho mejor.Él le acarició la mejilla.—¿Segura?Ella llevó la mano de Braxton hasta su vientre y la presionó contra su piel caliente.—Segura y… quiero que me hagas el amor, Braxton.Él dudó, frunciendo el ceño.—El médico dijo que podíamos esperar…Jodie tiró de su camiseta y lo acercó.—El médico dijo cuando me sintiera lista. Y estoy lista.Braxton la miró un segundo más, buscando cualquier rastro de duda.No lo encontró.Así que se inclinó y la besó despacio, conteniendo todo lo que había guardado durante semanas. Jodie abrió la boca y lo atrajo más profundo, sus manos metiéndose bajo su ropa para sentir su piel caliente.Braxton le quitó la camiseta con movimientos lentos, besando cada tra





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