La noche avanzó sin incidentes, y eso fue precisamente lo que la volvió inquietante.
Umbra Lux no estaba en calma; estaba conteniéndose. El territorio parecía sostener la respiración, como si supiera que cualquier gesto precipitado podía romper algo que aún no terminaba de recomponerse. Los lobos dormían por turnos, algunos con un ojo abierto, otros con la espalda rígida, incapaces de entregarse del todo al descanso.
Yo tampoco dormí.
No porque temiera un ataque inmediato, sino porque mi mente s