Lucía no sintió el piso bajo sus pies mientras seguía a los guardias por los pasillos iluminados por antorchas. Todo era un eco distante, como si la vida se hubiera convertido en una pintura borrosa que alguien había sacudido demasiado fuerte.
El duque estaba muerto.
Muerto.
No debería estarlo.
No aquí.
No ahora.
No en esta parte de la historia.
Así no sucedía en el libro original.
En la novela que ella recordaba con claridad, el duque era un personaje clave hasta capítulos muy posteriores. Man