Lucía corrió como si su vida dependiera de ello, cerró la puerta de su habitación con un temblor que no pudo controlar.
Apoyó la espalda contra la pared y deslizó lentamente hasta quedar sentada en el piso.
No podía respirar.
No podía pensar.
Las palabras del duque seguían retumbando en su cabeza como campanas fúnebres.
Eduardo debía ser el heredero….
Ahora todo encajaba.
La altivez del duque. Su forma de mirar al príncipe sin respeto. Su manera de exigir, como si tuviera el derecho de dominarlo.
Y el rey… siempre tenso.
El mundo se había volteado al revés.
Lucía presionó las manos contra sus sienes.
—¿Qué hago ahora…?
Si el duque intervenía porque había escuchado el rumor que ya circulaba en los pasillos.
"Dicen que comprometerán a la princesa Elena con el príncipe Kevin."
"Eso ya se veía venir… ella sí es digna."
Lucía tragó saliva, sintiendo un vacío extraño en el pecho.
Podría arrastrarla hacia Kevin.
Podría empujarla directo al destino que la mataría.
—No… no puedo casarme con