Lucía corrió como si su vida dependiera de ello, cerró la puerta de su habitación con un temblor que no pudo controlar.
Apoyó la espalda contra la pared y deslizó lentamente hasta quedar sentada en el piso.
No podía respirar.
No podía pensar.
Las palabras del duque seguían retumbando en su cabeza como campanas fúnebres.
Eduardo debía ser el heredero….
Ahora todo encajaba.
La altivez del duque. Su forma de mirar al príncipe sin respeto. Su manera de exigir, como si tuviera el derecho de dominarl