Lucía despertó antes de que el sol terminara de asomarse.
No fue por un sobresalto.
Tampoco por una pesadilla.
Fue por una calma extraña.
Abrió los ojos y se quedó mirando el techo de su habitación, escuchando el silencio suave de la casa. Durante unos segundos no pensó en nada. Solo respiró. Y entonces, como si una puerta se abriera lentamente dentro de ella, los recuerdos regresaron.
La carta.
El parque.
La mujer.
El nombre que siempre había sido suyo.
Laura.
Lucía llevó una mano al pecho. Ya