Lucía despertó antes de que el sol terminara de asomarse.
No fue por un sobresalto.
Tampoco por una pesadilla.
Fue por una calma extraña.
Abrió los ojos y se quedó mirando el techo de su habitación, escuchando el silencio suave de la casa. Durante unos segundos no pensó en nada. Solo respiró. Y entonces, como si una puerta se abriera lentamente dentro de ella, los recuerdos regresaron.
La carta.
El parque.
La mujer.
El nombre que siempre había sido suyo.
Laura.
Lucía llevó una mano al pecho. Ya no sintió el vértigo de la noche anterior. Ni el dolor punzante de la revelación. Lo que sentía ahora era distinto.
Aceptación.
—Tengo una nueva oportunidad… —susurró para sí misma.
Por primera vez desde que había "renacido", entendía por qué siempre se había sentido fuera de Lugar en su otra vida. No era debilidad. No era ingratitud. Era memoria. Era verdad.
Se incorporó lentamente, se levantó de la cama y caminó hasta la ventana. El día comenzaba como cualquier otro, pero para ella todo había