La vela seguía agonizando en la mesa cuando Lucía tomó aire y miró, de nuevo, la nota que había caído de sus dedos.
Ese papel no debía existir.
No así.
No ahora.
Y menos en su cajón.
Lucía se agachó, recogió la hoja con manos temblorosas y la desplegó bajo la luz tenue.
La letra…
la frase…
la tinta oscura…
No necesitó leerla más de una vez para reconocerla.
Era la misma nota que en la novela original, la verdadera historia, la villana enviaba a Elena, la protagonista destinada a casarse con el