El murmullo se extendió como una corriente invisible. Cada rincón del bufete parecía cargado de tensión desde que la noticia apareció en los portales digitales: Facundo Ramírez había salido en libertad condicional hacía un mes, bajo fianza millonaria y “buena conducta”.
Los arquitectos y diseñadores se reunían en pequeños grupos, intercambiando comentarios en voz baja, como si temieran que el nombre en sí invocara su sombra. Los ingenieros no eran distintos: algunos tecleaban nerviosos en sus