Por primera vez en semanas, Clara caminaba por los pasillos del bufete sin sentir las miradas punzantes de sus compañeros. Nadie cuchicheaba a sus espaldas, nadie lanzaba insinuaciones disfrazadas de cortesía. El ambiente, aunque seguía cargado por la presión de los proyectos, se sentía distinto. Más neutro, más respirable.
Suspiró aliviada. El comunicado de Alejandro había sido claro, casi quirúrgico: él mismo se había presentado ante los medios, confirmando que su relación con la arquitecta