El amanecer llegó como un martillazo en la sien de Mateo. El eco de la música, las risas y las copas chocando todavía resonaba en su cabeza. Se llevó una mano a la frente, intentando ordenar los recuerdos de la noche anterior, pero todo estaba borroso, envuelto en un manto de alcohol y perfume.
Y, sin embargo, lo recordaba con claridad suficiente para odiarse.
Ese maldito beso.
Valeria inclinándose sobre él, susurrándole palabras que debió rechazar, y luego sus labios fundiéndose en un g