El domingo amaneció con un cielo claro, el tipo de día que invita a salir y respirar profundo. Clara eligió un vestido ligero, dejando que el aire fresco acariciara su piel mientras esperaba a Mateo frente a su edificio.
Cuando lo vio acercarse, con esa sonrisa tranquila que parecía iluminarlo todo, el corazón le dio un vuelco. Él le ofreció la mano sin decir nada, y ella la tomó, sintiendo cómo sus dedos encajaban con naturalidad, como si hubieran estado destinados a encontrarse desde siempr