La noche había terminado en calma. Mateo la dejó frente a su edificio después de la caminata y el helado. Clara lo despidió con una sonrisa tímida, todavía con las mejillas encendidas por las risas compartidas.
Pero alguien los había visto.
Desde la distancia, escondido entre sombras, Facundo observaba cómo ella reía, cómo su mirada se iluminaba junto a otro hombre. Su pecho ardía de rabia, su mandíbula se apretaba hasta doler. Cada gesto de Clara con Mateo era para él una afrenta, una traici