Era viernes al final de la tarde. Clara guardaba sus planos cuando Mateo apareció junto a su escritorio con las manos en los bolsillos y una sonrisa tranquila.
—Sobrevivimos a la semana —dijo—. Creo que merecemos una recompensa. ¿Qué te parece una caminata y un helado?
Clara lo miró sorprendida. No era una cita formal, pero había algo en su propuesta que le hizo latir el corazón con fuerza. Dudó unos segundos, y luego asintió.
—Helado suena perfecto.
Salieron juntos del edificio, y Clara no