Los días en el bufete tomaron un ritmo distinto. Clara, después de aquella noche en que se desahogó ante Mateo, se sentía más ligera, como si se hubiera quitado un peso de encima. Todavía tenía miedo, todavía había cicatrices, pero ya no estaba hundida en silencio.
Ahora podía sonreír con más facilidad. Sus compañeros lo notaron. Una de las diseñadoras comentó un día durante el almuerzo:
—Clara, últimamente te veo distinta. Más segura… como si algo hubiera cambiado.
Ella sonrió, bajando la m