El bufete estaba casi vacío aquella noche. Después del enfrentamiento con Facundo y de abrir su corazón ante Mateo, Clara se quedó sentada en la sala de reuniones, con las luces bajas y los planos aún extendidos sobre la mesa.
El silencio era distinto. No pesaba como antes, no la ahogaba. Esta vez era un silencio que daba espacio para respirar.
Mateo estaba a unos pasos de distancia, revisando que todo estuviera cerrado y seguro. No la presionaba, no la llenaba de preguntas, simplemente estaba