El edificio del bufete se alzaba brillante bajo el sol de la mañana. El cristal reflectante devolvía el cielo azul y la ciudad parecía moverse con un ritmo distinto, más ligero, más lleno de propósito. Clara se detuvo frente a la puerta giratoria y respiró hondo. Mateo, a su lado, le apretó la mano con una sonrisa.
—Listos para volver a la realidad —dijo él.
Ella sonrió.
—Nuestra realidad no es tan mala.
Al entrar, el aire familiar de aquel lugar los envolvió: el sonido de las impresoras, l