El bufete se estaba convirtiendo en un lugar seguro para Clara. Cada día era un reto, sí, pero también un motivo de orgullo. Sentía que su vida, por fin, estaba tomando un rumbo distinto.
Pero Facundo no tardó en enterarse.
No estaba claro si alguien lo comentó por descuido o si él había estado espiando más de lo que Clara imaginaba. Lo cierto es que, una tarde, apareció frente al edificio del bufete, con esa sonrisa torcida que tanto la inquietaba.
—Así que ahora trabajas aquí … —murmuró