La puerta se cerró con un clic seco cuando Valeria salió de la habitación. El aire quedó más pesado, y el silencio entre los dos hombres parecía cortar la respiración. Facundo, recostado con dificultad, alzó la mirada hacia Esteban, que permanecía de pie junto a la ventana, con los brazos cruzados y la espalda erguida.
Esteban no hablaba mucho, nunca había sido un hombre de frases innecesarias. Era de esos que preferían actuar, mantener la distancia y dejar que los hechos hablaran por sí mismo