Valeria había cerrado la puerta con suavidad, como si quisiera retirarse con discreción, pero no dio más de tres pasos. Sus tacones quedaron suspendidos en el aire, y el instinto la llevó de nuevo hacia la madera. Apoyó la frente contra la puerta, cerró los ojos y contuvo la respiración. El corazón le latía tan fuerte que podía jurar que si alguien pasaba por el pasillo, escucharía sus pulsaciones.
No lo había planeado, pero tampoco pudo resistirlo. Desde que oyó la voz seca de Esteban pregun