El teléfono resbaló de su mano, cayendo sobre la cama. Mateo gritó con todas sus fuerzas:
—¡Médicos! ¡Por favor, médicos! ¡Ella ha despertado!
La puerta se abrió de golpe. Dos enfermeras entraron corriendo, seguidas del internista de guardia y el obstetra. El pitido irregular del monitor ya había dado la alarma en el pasillo.
—Paciente consciente —anunció la primera enfermera al ver los ojos abiertos de Clara.
El internista, un hombre de cabello canoso y lentes rectangulares, se aproxim