Clara jamás pensó que aquel día, que había empezado con la rutina de siempre en el bufete, terminaría convertido en una pesadilla. Había acompañado a sus compañeras a la salida, charlando distraída sobre la presión que todos sentían con el proyecto del puerto, y cuando Mateo le avisó que debía salir en el auto con un colega para atender un asunto urgente, no dudó en decirle que ella tomaría un taxi a casa. No quiso darle importancia, aunque por dentro el cansancio de la jornada y el recuerdo de