La casa parecía la misma de siempre: las cortinas azules dejando pasar la luz de la mañana, el olor a café recién hecho, las flores sobre la mesa del comedor. Sin embargo, para Clara todo había cambiado desde aquella mañana en que el pasado tocó a la puerta.
Cada vez que pasaba frente a la puerta principal, sentía un escalofrío. La imagen de aquel anciano de ojos miel y de los cinco hombres blancos como estatuas nórdicas la perseguía como una sombra. Y aunque intentaba mantener la calma por e