La mañana había comenzado tranquila. Clara, aún en bata de casa, sostenía el teléfono en la mano mientras hablaba con su madre. La noticia de su embarazo todavía vibraba en sus labios como un secreto recién nacido. Su madre, al otro lado de la línea, lloraba de felicidad.
—No lo puedo creer, hija… ¡voy a ser abuela! —decía con esa voz temblorosa que mezclaba nostalgia y orgullo.
Clara sonreía, nerviosa pero feliz.
—Todavía es pronto, mamá. No digas nada, por favor. Mateo y yo queremos lle