Mundo ficciónIniciar sesiónLa luz del amanecer entraba por las cortinas cuando Mila abrió los ojos. Durante unos segundos permaneció inmóvil, con el corazón todavía desordenado, tratando de recordar dónde estaba y con quién. Entonces lo vio.
Viktor seguía dormido. No parecía el hombre que la había reclamado de una forma tan dominante y posesiva la noche anterior. Entre sabanas los tatuajes que recorrían su pecho y sus brazos se extendían como un mapa de guerra sobre su piel. Aquello no eran adornos, eran una declaración de lo que él era. El jefe. Mila se incorporó apenas, observándolo con más atención de la que debería. Había algo inquietante en verlo así, vulnerable, como si por un instante pudiera olvidar el peligro que representaba… y eso la desconcertaba más de lo que quería admitir. —Si sigues mirándome así, voy a cobrarte por el espectáculo —murmuró él, sin abrir los ojos. Ella se tensó de inmediato, sorprendida de que se hubiera dado cuenta. —No te estaba mirando —mintió, demasiado rápido. Viktor abrió los ojos y sonrió. —Claro que sí. Y no te culpo. Debes sentirte muy afortunada de haberte convertido en mi mujer. Mila se cruzó de brazos, intentando recuperar algo de la dignidad que sentía tambalearse. —No pareces tan intimidante cuando estás medio dormido, ¿sabes? Él soltó una risa baja. —Eso me gusta, que no me tengas miedo. Sin darle tiempo a reaccionar, la atrajo hacia él. Mila protestó al principio, más por orgullo que por verdadera resistencia, pero la protesta se deshizo cuando se encontró debajo de él otra vez. Su cuerpo aún recordaba demasiado bien la noche anterior, y eso la irritaba porque nunca imagino que la intimidad pudiera ser algo tan placentero. No hubo prisa, solo necesidad. Él marcaba el ritmo y Mila se descubría siguiéndolo, todavía sensible, todavía intentando esconder ante él, el cómo conseguía desarmarla con tanta facilidad. —¿Por qué te resistes? —susurró él contra su oído—. ¿Estás cansada? —No todos tenemos tu energía —respondió Mila, respirando con dificultad—. Además… yo no tengo tu experiencia. Viktor volvió a reír antes de besarla otra vez, como si aquella respuesta solo lo divirtiera más. Su forma de reclamarla tenía algo inevitable, casi desafiante, y Mila terminó dejándose llevar una vez más. Cuando finalmente se levantó, ella quedó tendida sobre la cama, desnuda y exhausta, con el pecho subiendo y bajando lentamente mientras trataba de recuperar el aliento. —Tienes que aprender a seguirme el paso —dijo él mientras caminaba hacia el baño—. No pienso ser siempre tan considerado. El sonido del agua llenó la habitación. Mila cerró los ojos por un momento, intentando ordenar la mezcla de sensaciones que aún recorrían su cuerpo y, sobre todo, las emociones que prefería no analizar demasiado. Cuando Viktor salió, con el cabello aún húmedo, comenzó a vestirse con la calma de alguien acostumbrado a que el mundo girara a su ritmo. —Te acostumbrarás —comentó mientras ajustaba los botones de su camisa. — Por cierto, hice que uno de mis hombres trajera tu bolsa junto con el resto de tus cosas. Mila lo miró desde la cama, aun tratando de entender al hombre con el que ahora estaba unida. —Gracias, tengo algo importante dentro de ella, pero sobre lo demás., ¿A qué exactamente me acostumbrare? Viktor levantó la vista y una leve sonrisa apareció en su rostro. —A mí. Ella lo observó en silencio. Aquella seguridad suya la irritaba… y al mismo tiempo la inquietaba más de lo que quería admitir. —Ayer pensé que me matarías —dijo Mila sin pensarlo. Él se detuvo un segundo. Su sonrisa desapareció por completo. —No te hubiera hecho daño a ti. Mila se quedo en silencio mientras Viktor arqueó una ceja al ver que no le creía. —Siempre te he considerado más inteligente que al resto de tu familia. ¿Realmente creíste eso? ¿Que simplemente te mataría? Mila frunció el ceño, recordaba el miedo que sintió al escuchar el disparo en la iglesia. —¿Y no lo hubieras hecho si no hubiera aceptado casarme contigo? Él terminó de colocarse el reloj con total calma. —La primera vez que fui a casa de Roman, estabas en la escalera. Pensabas que nadie te veía. El corazón de Mila dio un vuelco. —Yo… —Sé que soy mayor que tú por diez años, pero me di cuenta de que me mirabas como si fuera una historia prohibida —continuó él con calma—. Fuiste lo suficientemente inteligente para apartarte de mi camino. Por eso elegí a Daria. Ella bajó la vista, sorprendida por la punzada que atravesó su pecho. —¿Por eso la elegiste a ella sobre mí? ¿Por qué ella no te saco la vuelta?—Mila intentó que no sonara como un reproche, pero incluso a sus propios oídos lo pareció. Maldijo en silencio. No quería que él descubriera lo que sentía por él desde hacía tanto tiempo. —Necesitaba casarme con una Orlov —continuó Viktor como si también ocultara algo. Luego la miró, todavía tendida sobre la cama, y su voz se suavizó apenas, casi sin darse cuenta—. Y tú eres una Orlov, así que salió bien. Viktor guardó silencio después, dejando claro que no pensaba decir nada más. Sin embargo, los dos meses siguientes fueron intensos. Viktor no cambió su carácter dominante, pero tampoco fue indiferente. Buscaba a Mila tanto en lo emocional como en la íntima. Cada noche la hacía suya con una determinación que ella no sabía si interpretar como la complicidad que iba formándose entre los dos o el deseo que evidentemente el sentía por ella. Hasta que Mila notó el retraso se atrevió a decirle —Creo que estas semanas han sido tan intensas que sigue sin llegar mi periodo. Viktor dejó de revisar su teléfono. —¿Desde cuándo? —Tengo dos semanas y siempre he sido muy regular. Él no dudó. —Reserva una cita con tu ginecóloga. — Viktor se acercó más a ella. —Eres mi esposa. Y si estás embarazada, ese hijo será mi próximo heredero. Antes de que Mila pudiera aclarar quién había sido realmente su médico, el teléfono de Viktor vibró. El nombre de Artem apareció en la pantalla. —Espera aquí —ordenó, apartándose hacia la terraza. Mila no pudo escuchar todo, pero algunas palabras llegaron con claridad. —La encontraron, la lleve a edificio del centro — era la voz del Artem — ¿Por qué sigue con viva? — Viktor hizo una pausa — ¿Estás seguro de eso? Eso es un maldito problema. Ahora tendré que investigar más a fondo. Mila no alcanzo a escuchar el resto y sabía que no debía involucrarse en los negocios de la Bratva así que no hizo por acercarse. —Simplemente reténganla hasta que confirme la verdad —dijo Viktor antes de regresar junto a Mila, su expresión había cambiado completamente, parecía extremadamente molesto. Mila dudo, pero finalmente pregunto. —¿Qué ocurre? —No te incumbe. — Él nunca le había hablado así y al sentir que la había herido intento compensarlo atrayéndola hasta él. Pero entonces el celular de Viktor sonó otra vez. Esta vez no tuvo tiempo de apartarse porque habia colocado a Mila sobre sus piernas y la pantalla al estar demasiado cerca mostró una imagen antes de que pudiera bloquearla. Daria, la tenían cautiva, en posición fetal y amordazada en lo que parecía ser un sótano. Mila sintió que el estómago se le cerraba. —¿Qué significa eso? Viktor tensó la mandíbula. —Significa que nadie que intente traicionarme sale ileso. —¿Vas a lastimar a Daria? —Eso no debe interesarte tú eres mi esposa no ella. ¿Recuerdas? Mila se bajó del regazo de Viktor totalmente indignada. —No quiero que lastimes a mi prima. —No estás en posición de permitir o prohibir nada. Él la observó con una frialdad que no le había mostrado antes, y en ese gesto quedó claro que no solo era un hombre peligroso, sino alguien acostumbrado a tener siempre el control. Aun así, Mila sostuvo su mirada unos segundos más, negándose a bajar la vista. Pero en el fondo sabía que Viktor no estaba exagerando. Él haría lo que considerara necesario, sin titubear. Y entonces la pregunta se abrió paso en su mente, ¿qué podía hacer ella para detenerlo?






